divendres, 2 de març del 2012

Mariano José de Larra

Mariano José de Larra (1809-1837)

Nació en Madrid en el año 1809 como hijo de un médico liberal exiliado. Se educó en Francia, lo cual le permitió conocer perfectamente el idioma, y pudo ponerse en contacto con la cultura francesa y vivir desde su infancia en un ambiente liberal y progresista. En Madrid inició su vida literaria. A los veinte años se casó, aunque fue un fracaso. Se enamoró de una mujer casada, Dolores Armijo, con la que mantuvo hasta el final unas relaciones amorosas irregulares y turbulentas. Los desengaños ante la situación política, social y económica del país y sus propios problemas personales le condujeron a un pesimismo total. El abandono de su amante fue la gota que colmó el vaso. Larra se suicidó en el año 1837 disparándose un tiro en la sien delante de un espejo, con sólo 28 años. Fue un hombre muy inteligente y crítico hiriente y mordaz, dotado de un gran poder de observación y de una profunda ironía. Defendió siempre la libertad social y política y denunció hasta darse por vencido los grandes males de la vida española. Larra es romántico por su independencia, por su liberalismo militante, por su vida amorosa y atormentada y por su final trágico.

Larra compuso poemas poco importantes, algunas obras dramáticas y una novela histórica, El doncel de don Enrique el Doliente (1834).

Pero la importancia de Larra en la literatura española radica en los artículos periodísticos. De él se ha dicho que es el mejor periodista español de su tiempo y el creador del periodismo moderno. Desde muy joven fundó diversas publicaciones satíricas y colaboró en importantes revistas y periódicos de su época. Empleó diversos seudónimos para firmar sus colaboraciones, hasta adoptar definitivamente el de "Fígaro".

Los doscientos artículos periodísticos que escribió suelen agruparse en tres apartados: artículos de costumbres, artículos políticos y artículos literarios. Los políticos y literarios tienen hoy en día menos interés. En los primeros, los más famosos en su tiempo, testimonia su ideología liberal. Los literarios menos agresivos, comentan obras y autores, y trazan un sombrío panorama del momento literario español, criticando su dependencia de la literatura extranjera.

Los artículos de costumbres son más interesantes y, en su mayor parte, plenamente actuales y los mejores desde el punto de vista literario. Larra no se queda en la pura descripción pintoresca; lo que persigue es la crítica de lo que observa y, además, se proyecta personalmente, aportando su dolorida experiencia a lo que escribe. La crítica de Fígaro, mordaz, pesimista y satírica, se dirige a lo que él llamó el: el atraso, la pereza y holgazanería, la falta de educación, la hipocresía, la vanidad y la ignorancia.

Casi todos estos artículos tienen una misma estructura: un comienzo generalizador, en el que plantea el problema, y una segunda parte que desciende a casos concretos - tipos, anécdotas, situaciones - para exponer con más garra y más plasticidad el tema, con un lenguaje directo y popular.

El estilo de Larra es claro, directo y efectivo. Se debe destacar la ironía, el humor y el dominio de toda clase de recursos estilísticos. Se ha afirmado que con él comienza la prosa contemporánea en la Literatura española: otro aspecto más de su modernidad.

Historia de una escalera

Historia de una escalera es una obra de teatro escrita por Antonio Buero Vallejo entre 1947 y 1948 por la que recibió el Premio Lope de Vega, se estrenó en el Teatro Español de Madrid el 14 de octubre de 1949. En ella se analiza a la sociedad española con todas sus mentiras y engaños. Fue llevada al cine por Ignacio F. Iquino.
Los personajes que aparecen en la “Historia de una escalera” son los siguientes:
- El cobrador de la luz: Es un señor que parece malo, porque va pidiendo el dinero a los vecinos de la escalera, pero en realidad no lo es, ya que solo obedece ordenes y es su trabajo. Aparece solo una vez al principio de la obra.
- Paca: Paca es una señora muy gruñona que protesta por todo, según dice el autor está gorda y es un poco más joven que Generosa. Es optimista, ya que disfruta de la vida con pequeñas cosas, murmurando y siempre dando ánimos a los demás. Es positiva ya que ha logrado superar la muerte de su marido y la humillación que le ha causado Rosa. Paca parece ser el único habitante de la escalera que está resignado y feliz viviendo en esa casa, lo que se demuestra cuando se aferra a la vieja barandilla con amor.
- Generosa: Generosa es una señora mayor de cincuenta y pico años. Tiene problemas de dinero, se la ve cuando protesta levemente al darle el recibo al cobrador.
- Carmina: Es una señorita de edad similar a la de Elvira pero no tiene tanto dinero como ella.
- Elvira: Elvira es una señorita, bien asentada, con respecto al dinero; vive con su padre y está enamorada de Fernando, el hijo de Doña Asunción.
- Asunción: Esta señora ya mayor, es la que más problemas tiene (repecto al dinero) de todos los vecinos.
- Manuel: Manuel es el padre de Elvira, que como su hija, no esta falto de dinero. Vive con ella.
- Trini: Esta señorita es muy simpática y es joven. Es hija de Paca, de quien más adelante hablaremos.
- Fernando: Como ya hemos dicho es el hijo de Doña Asunción, es joven y tiene buenos planes para el futuro, a pesar de que luego no los cumple por su falta de esfuerzo.
- Pepe: es el novio de Rosa, esta hecho un zángano y es muy mal educado, también es joven. Y se le conoce por ser un proxeneta.
- Rosa: Es la hija de Paca, también es joven y tiene sentimientos, pocos pero tiene, al final la familia se disgusta con ella por los temas amorosos.
- Urbano: Es el hermano de Rosa y es similar a Fernando pero se llevan bastante mal. Es trabajador, pero no tiene mucha visión.
- Manolín: Es el hijo de Fernando y Elvira, es el pequeño de los dos que tiene, es un pillo y se cree mayor a pesar de no serlo.
- Fernando (hijo): Es el hermano de Manolín, que como ya sabrás, es el mayor e hijo de Fernando y Elvira, es igual que su padre, guapo y con la misma cabeza (mismos pensamientos en el futuro).
- Carmina (hija): Es la hija de Urbano Carmina y es calcada a su madre.
- Señor I: Este señor es uno de los dos señores que aparecen en el tercer acto después de 30 años de comenzar la historia, están sobrados de dinero y tienen un trabajo fijo y bueno.
- Señor II: Este señor es exactamente igual que el señor I.
- Señor Juan: El señor Juan es el padre de algunas de las jovenes y es una buena persona, a pesar de no darle dinero a Rosita.
Se puede encuadrar en el planteamiento el primer acto, este acto esta lleno de discusiones, comienzos de relaciones sentimentales y afianzamiento de algunas de estas relaciones, comenzamos a ver la frustración.
El nudo de la obra seria el segundo acto que es donde se consolidan las relaciones tras diez años, este segundo acto tiene amor, fallecimientos y la frustración de algunos personajes.

La obra ocurre a lo largo de treina años y podríamos pensar que es la misma época de posguerra en la que escribe esta historia el autor tras salir de la cárcel en 1946, es una época en que España se encuetra devastada tras la Guerra Civil y el pricipio de Autarquia económica que impone Franco. Así vemos que la mayoria de los protagonistas tienen dificultades económicas y una minoría logra continuar con una vida más holgada.
El tiempo transcurre, con grandes saltos hacia delante, hacia el futuro. Hay una diferencia de 10 años en el segundo acto y 20 años más en el tercero.
La escalera permanece siempre impasible a través de los actos y de las generaciones como testigo mudo a lo largo del tiempo.
El ambiente social que se refleja en la obra es de una España de posguerra en donde se tiene que trabajar en empleos ocacionales y acumular trabajillos. Sólo los que tienen más suerte y logran entrar en el sistema consiguen un poco más de dinero.

El narrador, utiliza en sus acotaciones, un lenguaje culto, pero completamente accesible a todo público, por el contrario los protaginistas tienen un leguaje muy familiar, aveces, tosco, vulgar. Los diálogos son muy fluidos y se logra sentir los sentimientos y las características de cada personaje, por su manera de expresarse.
Las funciones apelativa y expresiva del lenguaje son las dominantes, por eso abundan los vocativos: ¡Carmina. Mi Carrmina!, ¡Fernando!, etc.; el uso del modo imperativo: No te marches, Ayúdame; las oraciones interrogativas y exclamativas. ¡La detesto!, ¡Qué felices seremos! ¿Sabes?, ¿Por qué no se lo pides a Elvira?; la utilización de elementos afectivos: Por favor; ¡Tonto!, de adjetivos valorativos: sucio ambiente, cariño servil, pisito tranquilo.

José Zorrilla

Nació en Valladolid, 1817 y murió en Madrid, en 1893. Inició su carrera literaria leyendo unos versos en el entierro de Larra, con los que ganó gran fama. Contrajo matrimonio con una viuda dieciséis años mayor que él, pero fracasó y, huyendo de ella, marcha a Francia y después a México en 1855, donde el emperador Maximiliano lo nombró director del Teatro Nacional. Al regresar a España en 1866 fue acogido con entusiasmo. Volvió a casarse y, con constantes penurias monetarias, no tuvo más remedio que malvender sus obras, como Don Juan Tenorio. Las Cortes le otorgaron una pensión en 1886.
Obra
La trayectoria literaria de Zorrilla es prolífica. Su poesía alcanza el cenit con Leyendas, que son pequeños dramas contados como narraciones en verso. Las más importantes de sus leyendas son Margarita la Tornera y A buen juez, mejor testigo.

dilluns, 28 de març del 2011

Un verano inolvidable


Este relato esta especialmente hecho para que lo lea gente joven pero también las personas mayores que no se acuerdan de su infancia.
Es un relato en primera persona, en la que explico una anécdota que me paso hace unos años.
Era una mañana soleada de verano, estaba en la cama durmiendo tranquilamente cuando de repente oí el despertador. Lo paré rápidamente al oír el pitido insoportable que hace siempre y que odio por las mañanas. Al cabo de un rato que me tiré en la cama me levanté y me fui a verme al espejo. Por aquel entonces tenía yo catorce años recién cumplidos hacía un mes, y me sentía como más grande, estaba diferente. Tenía el pelo negro y unos grandes ojos marrones, una nariz recta i llevaba un aparato en los dientes. Era delgado y de estatura normal para un chico de mi edad.
Al darme cuenta de que habían pasado cinco minutos, me fui a vestirme corriendo, ya que el autobús no tardaría ni diez minutos en llegar.
Le dije a mi madre que me hiciera el desayuno o perdería el autobús, cosa que no me apetecía nada, porque el instituto estaba bastante lejos de mi casa.
Cuando salí de casa, y llegó el bus, justo a tiempo, me subí rápido y me senté en el asiento en el que me estaban esperando mis dos mejores amigos, Alba y Roberto, al que todo el mundo llamamos Berto. Alba era una chica rubia, con la piel clara y unos ojos verdes preciosos, era bajita y delgada, pero muy guapa y con muy buena presencia, tenía una nariz chata y una boca con unos labios de color rojo preciosos. Berto era en cambio un chico moreno y oscuro de piel, de complexión fuerte y con unos ojos azul claro que encantaban a las chicas de mi clase.
-Hola Ángel -dijo Berto muy contento- era de esperar, ya que era el último día antes del verano
-¡Hola!, dijo Alba con su normal alegría.
-Hola chicos, ¿preparados para el último día?- dije yo
-Sí, dijeron los dos al mismo tiempo- mientras yo me sentaba en el asiento.
En nada el autobús arrancó hacía su siguiente destino, el instituto.
 Cuando llegamos al instituto me encontré a otro de mis amigos Julio sentado sobre las escaleras que daban paso al instituto esperándonos a los tres.
Julio era un chico alto y delgado, con una nariz aguileña, unos ojos negros y unas orejas puntiagudas, que parecían las de un gnomo.
-Hola chicos, ¿vamos dentro?- dijo Julio
-Vamos- dijo Berto
Subimos las escaleras hablando sobre nuestras cosas y abrimos la puerta principal del instituto, para adentrarnos en el hall donde llegaríamos a nuestra primera clase antes de que acabara el instituto, la clase de matemáticas.
Era la primera de las tres largas horas que nos esperaban antes de que sonara la campana y fuéramos libres los próximos tres meses.
Sonó el primer timbre de la última mañana en aquel instituto. La maestra de matemáticas nos mando callar, y acto seguido nos dijo que nos sentáramos. Empezó la clase explicándonos las ecuaciones y las funciones y otras cosas por el estilo que entraban en esa unidad. Por toda la clase circulaban papeles con notas en las que se podían leer algunas frases como: “Ojalá se termine ya este infierno” o “Ya queda poco…”
Quedaban cinco minutos de clase y la maestra nos dijo que ya podíamos ir recogiendo y que pasásemos un buen verano.
Sonó el timbre.
Esa era la señal que nos avisaba de que teníamos que salir de clase para dirigirnos a la siguiente clase, de naturales.
Teníamos examen de esa asignatura, y aunque había estudiado, llevaba mi chuleta escondida en el bolsillo de mi chaqueta, aunque no tenía pensado usarla si no la necesitaba.
Entramos en clase.
La clase de naturales es una clase muy peculiar, había pipetas, experimentos químicos, y hasta un esqueleto de plástico en una pared.
No tarde nada en acabar el examen y salir de clase para ir a comer mi bocadillo en el patio. Media hora después, salieron todos de clase y nos juntamos los cuatro de siempre para hablar del examen de naturales.
-¿Como os ha ido el examen chicos?- Nos preguntó Julio.
-Bien, dijo Alba,- aunque ella era una chica de dieces, pareció que ese “bien” había sonado más bien a mal.
-Yo fatal- dijo Berto, -aunque me salvé un poco por la chuleta- Berto siempre llevaba una chuleta encima.
-¡Muy bien!- dije yo –creo que es el mejor examen que he hecho en mi vida.
Sin darnos cuenta nos pasó la media hora que tenemos para desayunar volando, y sonó el timbre otra vez, el ultimo que oiríamos en mucho tiempo.
Nos fuimos a la clase de castellano, sin duda, la clase más divertida de todas las que tenemos, ya sea porque la maestra es muy enrollada y divertida, o porque todos estamos más unidos en esa clase.
Nos pasamos la clase de castellano jugando al tres en raya en la pizarra con la maestra de castellano, Julia, hasta que se terminó la hora.
-Vaciad los pupitres y… ¡que paséis un buen verano!-dijo Julia.
 Nos despedimos de Julia y nos fuimos al autobús, volviendo hacia mi casa, me di cuenta de que aquel verano, sería verdaderamente inolvidable.